martes, 6 de abril de 2010

EL ATEÍSMO, ESCUDO DEL OLIMPO

Recuerdo que una vez el Papa Pablo VI, para lavar sus pecados ante la concurrencia, encomendó a la Compañía de Jesús, que entonces ya merecía el título de ¡Jesús, qué Compañía!, y que estaba dirigida por el padre Arrupe, y que dicha Compañía de marcado talante militar por las características de su santo fundador S. Ignacio de Loyola, desde siempre había lucido como uno de sus más preciados títulos, el del cuarto voto que era el de obediencia al Papa, pues éste Pablo Vi mandó a la Compañía que combatiera en todo el mundo el ateísmo. Les faltó tiempo de recibido el mandato, para incrementar y seguir expandiendo por todo el mundo su teología marxista de la liberación, sobre todo en la tradicionalmente religiosa sudamérica, cuyos podridos frutos los están recogiendo políticamente tipejos opurtunistas como el militar dictador Chávez en Venezuela. En España me dijo un jesuita, cuando ya estaba encarrilada la democracia comunista dirigida por el gangoso, que se marchaba al extranjero porque aquí ya estaba todo hecho. Los jesuitas de su Universidad de Deusto, de donde salieron los siete pioneros que organizaron la primera Asamblea de ETA en un convento del sur de Francia, se frotaban las manos cuando sus pupilos lograron hacer saltar por lo aires el Dodge-Dar de Carrero Blanco. Por su parte Pablo Vi para dar ejemplo y colaborar en el mandato que había dado a la Compañía, pone su confianza en España en un tipejo ilercavón, Tarancón, que se dedica exclusivamente a "sus labores", es decir, a sus batallitas políticas, dejando aparte su principal cometido, como ministro de Cristo, que dice ser oficialmente y por lo que cobra, de alzar la voz como los primeros Apóstoles en defensa de los derechos inalienables de Dios y de su obra creadora y redentora. Y todo ello para que los dioses puedan desarrollar sin ninguna molestia ni competencia su ancestral labor de destrucción y dominio sobre todo lo creado.

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