martes, 13 de abril de 2010

EL DATO-PRUEBA DE UNA HEREJÍA ACTUAL INTRAECLESIAL

Como ya dije en una de mis cartas anteriores, hoy en la contraportada de La Vanguardia aparece una entrevista con un tal Tomeu Català un cura que cubre sus espaldas con la catolicidad y con la consiguiente sonrisa, que con un morro que se lo pisa declara a pecho descubierto que "no cree en la resurrección, sino que ve la resurrección cada día". Lo cual confirma lo que yo decía sobre la promoción teológico-herética católica actual del hecho histórico y de Fe de la resurrección de Cristo y de los muertos, hecho que durante muchos siglos estuvo como almacenado en el desván católico como una verdad utópica y pintoresca, siendo como es una verdad que aparece con claridad meridiana en el Nuevo Testamento. El mentado individuo considera este hecho como la resurrección vital cotidiana de los dioses y de los que se aparean con ellos, como por ejemplo la señora encargada de dar la tabarra matutina hasta las dos de la tarde en TVE, que a cada paso está proclamando el slogand de "siempre con energía positiva" faltándole sólo por precisar para quien le toque tragarse la carcasa de su cohete de energía positiva, el decir como en las tómbolas "siempre toca, si no un muñeco una pelota". Ya S. Pablo tuvo problemas con el tema de la resurrección cuando lo expuso en el Areópago de Atenas, a donde acudían los ociosos y curiosos de la ciudad para escuchar las últimas novedades intelectuales, los cuales al oír de Pablo el tema de la resurrección de los muertos lo tomaron por loco, le dijeron que de esto ya les hablaría otro día y supongo que sería objeto de una burla y pitorreo geneneralizados. Yo también puedo constatar que me sentí impulsado a dejar la multinacional católica a partir del día en que presidiendo un funeral en el que concelebraban varios pastores principales de la ciudad, hablé claramente y sin metáforas sobre la resurrección de los muertos tal como aparece en el Nuevo Testamento. Supongo que los capitostes eclesiásticos, al igual que hacían los fariseos y demás sectas del tiempo de Jesucristo, se debieron rasgar interiormente las vestiduras y aplicaron sus medidas olímpicas para que yo por mi cuenta tomara las de Villadiego.

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