domingo, 18 de abril de 2010
EL CERDO Y CERDA IBÉRICOS (I)
Por lo que llevo constatado durante 56 años viviendo en esta pocilga de ciudad tortosina, aquí la gente anda obsesionada como hace 6.000 años con el tema del sexo. Ya hay un refrán ibérico que lo refleja al decir que "esto de la jodienda no tiene enmienda". Ya sean casados o solteros tengo constatado por mi trabajo de campo en bares y putiferios que a los machos se les van los ojos detrás de los culos y tetas femeninos y a su vez ellas se creen las reinas de los mares enseñando todo lo que se puede por conseguir algún trofeo de caza. Los que se casan lo hacen mayoritariamente para tener su tronca o tronco de propiedad privada para tener su objetivo seguro y de confianza en el pequeño mundo paradisíaco de estas tierras. Y los solterones también se las apañan con sus sofisticados métodos de caza furtiva para que nunca les falte el paradisíaco "maná". Esto es el objetivo último que ofrecen los pastores sagrados de esta "bendita" tierra a sus dóciles ovejas. Este objetivo último de la vida quedó reflejado en letra impresa e ideológica en el Capital del judío Karl Marx como el "no da más" de su ideal comunista para toda la humanidad, para cuando se libere de todo el lastre religioso, al que consideraba el opio del pueblo. Ya he dicho en otras ocasiones que el tema del sexo, es decir, el "chalar peti qui peti" de estas gentes es tan antiguo, que ya fue detectado por los antiguos griegos aún antes de Cristo, cuando llamaban a estas tierras "tierra de conejos" en el sentido erótico de la palabra, y también "tierra de higos", teniendo en cuenta que la traducción tortosina de higo es "figa" con la que se denomina al órgano genital femenino.
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