sábado, 3 de abril de 2010

EN ESTE PAÍS ESTAMOS INSTALADOS EN LA PUTA TONTERÍA

Ya decía el teólogo y médico Miguel Servet que la gente ibérica eran dados a tratar de nimiedades y vanalidades y tenían en alta considración las cosas pequeñas. Por mi experiencia personal debo constatar que me causó una impresión de hilaridad cuando el cura de S. Jaume d'Enveja en el Delta del Ebro, al colocar a final de año en la puerta de la iglesia para conocimiento público, la lista de gatos e ingresos de la parroquia colocaba hasta lo que le había costado una cajita de chinchetas, es decir,  la puta mariconada. También he dicho que aquí en Tortosa casi por lo único que se enciende la gente es cuando alguien conduciendo por la ciudad comete una pequeña e involuntaria irregularidad de tráfico o cuando en el fútbol un árbitro no les pita un penalty a su favor, pero que ni siquiera se levantaron de su asiento los clientes del bar del chino cuando hace poco un individuo injustamente me agredió con un botellazo en la cabeza haciendo cuando todo había pasado un típico comentario de la jugada como hacen en la tele los comentaristas deportivos. Además en este país por la disputa de un céntimo de euro alguien es capaz de escribir todo un tratado sobre las bondades y sombras de la moneda europea. Al respecto el campo de observación y constatación de lo que decía Miguel Servet, corroborado por mí,  queda completamente de manifiesto en las declaraciones de los políticos, presentadores e incluso comentaristas deportivos que salen en el cajón mágico de las televisones ibéricas, hasta el punto de que he llegado a conclusión de que en este país vivimos inmersos en una permanente burbuja que yo denomino como de la puta tontería. Ya advertía al respecto Cristo a los fariseos de que se fijaban en la mota del ojo ajeno y no se advertían de la viga permanente que llevaban en el suyo. Y también les decía que no merecían ninguna consideración porque estando ciegos decían que veían.

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