lunes, 12 de abril de 2010

LA AVARICIA ROMPE EL SACO

En este país en que la mayoría de ciudadanos se consideran señores y reyes propietarios de su destino y de su suerte y que políticamente están trabajando por conseguir su definitivo estatuto de autonomía personal e intransferible, sólo se unen entre sí, al igual que Alibabá y los cuarenta ladrones, para conseguir sus objetivos criminales. Últimamente recaban la ayuda de lo que ellos pomposamente llaman la "Comunidad internacional", inflando sus prerrogativas para impresionar, ya que a dicha Comunidad sólo le dan vida virtual en el cajón mágico, cuando sólo es un "flatus voci", siendo su objetivo último el acabar con el hombre, al igual que los revolucionarios franceses estaban convencidos de que liquidando al Papa de su época, al grito de "¡éste es el último!" "¡éste es el último!" destruirían la roca inconmobible que era su obstáculo para dar rienda suelta a sus desenfrenados vicios egoístas. El cura que me sustituyó en la iglesia-fortaleza de la Galera, y que creo que hoy todavía está de cura en Peñíscola, al reformar el presbiterio puso una leyenda en catalán que decía: "Y Cristo se hizo pueblo". Es la representación plástica de todo el misterioso contubernio a que nos ha conducido la cuadra del gangoso durante todos estos largos y penosos años: el interminable proceso democrático, cuyo objetivo último, una vez conquistado el Papado y todas sus plazas jerárquicas, es liquidar al hombre para ser sustituido por la masa informe, anónima y sumisa de por lo menos el pueblo ibérico, objetivo de destrucción de su imaginaria próxima etapa histórica, para así liquidar definitivamente la obra creadora y redentora del verdadero Dios. Pero como dice el libro bíblico de Cojelet "vanidad de vanidades y todo vanidad" o un salmo cuando dice "El Señor sonríe y se ríe de ellos".

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