domingo, 1 de agosto de 2010

LA MUJER QUE PARIÓ UN TANQUE

Este título de una película bien se podría aplicar a mi madre y a mí. De hecho una vez en una convivencia con chavales del Opus, un monitor haciendo una visita por el pueblo en el que estábamos instalados vio una moto con sidecar de la II guerra mundial y nos comentó que al sidecar sólo le faltaba su poderosa metralleta. Yo con mi proverbial prudencia no le di importancia al comentario ya que no quería ser cómplice, instalando una metralleta debajo de mi sotana, de la guerra en la que estaban involucrados los curas estorninos del Opus. Pero ahora con la experiencia que da el distanciamiento del fragor de las guerras de esos estorninos de especie de plaga, y en los que me cago en su puta madre, y habiendo recabado con mi trabajo de investigación todos los datos de las estrategias bélicas olímpicas, efectivamente me considero como un tanque al que cagó providencialmente mi madre, arropada por la "sagrada familia", de la que únicamente excluyo a mi abuelo Manuel y a mi padre Abelardo, como ya he dicho otras veces, y de los que me considero heredero de mi condición de tanque tal "como Dios manda".

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