martes, 17 de agosto de 2010

LA MAQUINITA DE LA SUERTE (II)

Aparte de todo esto siempre me he sentido considerado como un perro o como un inofensivo infante, más bien tomado como el tonto del pueblo o el pito del sereno, y que por eso tiene que estar permanentemente vigilado, aconsejado, advertido y controlado, aunque bajo la máxima discreción. Incluso cuando sean necesarias tomar medidas spiquiátricas y policiales cual si se tratara para ellos de un ser cuasi irracional que sólo obedece al correctivo forzado e impuesto. Produciéndome todo esto la sensación de desconocimiento de mí mismo y de alienación puesto que no entiendo dichas medidas represivas ya que soy incapaz de matar una mosca, cumplo con mis impuestos y sé gobernarme a mí mismo y llevar mi casa sin haber nunca contraido ninguna deuda con nadie, sino que más bien son otros los que me deben algún dinero. Además nunca me he sentido defendido por nadie cuando he tenido algún injusto problema con mi autoridad familiar o municipal, acusándome de algo imaginario que sólo existe en su mundo fantástico de sus estrategias olímpicas, porque, ya se sabe, que si la maquinita no funciona a su gusto y planes, existe la posibilidad de irse todos a tomar viento fresco. Y todo ello con la finalidad de mantener ellos secuestrado mi corazón y con ello la maquinita de la suerte para continuar con su tiránico poder sobre el linaje humano y sobre mí.

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