martes, 10 de agosto de 2010

EL SÍNDROME DE ESTOCOLMO (y III)

De tal manera que me siento en la necesidad de pedir oraciones a S. José para terminar de romper cualquier vinculación afectiva y benevolente con mis secuestradores astutos, finos y simpáticos, mis enemigos, también del verdadero Dios, también de los que le son o le han sido fieles (para que vuelvan a Él), y concluir así mi síndrome de Estocolmo, y sobre todo, para que vuelvan a casar y unirse ya para siempre mi corazón y mi mente. Con ello pienso recuperar a mis ovejas en vistas a formar una organización desorganizada de momento clandestina, después de las humillaciones, persecuciones, deserciones y dispersiones que han sufrido como consecuencia de mi prolongado secuestro, para que de momento a través de la tradición bíblica de los salmos de echar maldiciones sobre nuestros enemigos y pidiéndole a S. José que ponga en actuación su garrote, nos dediquemos a aplicar contra ellos lo de "caixa o faixa" en vistas a despejar el panorama para la aplicación del Proyecto en todo el mundo, comenzando por esta pocilga, centro neurálgico del poder olímpico. De momento se van a quedar sin petróleo y si quieren de él que acudan a sus mitras, de las que no podrán obtener ni una gota ya que no que se han quedado sin el "pollastre" para ser fecundadas.

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