jueves, 24 de junio de 2010

LAS DOS COLUMNAS (y III)

Por último volveré a recordar mi primera misa en el convento de Carmelitas Descalzas del arrabal de Jesús, a donde mi madre de pequeño me mandaba a comprar huevos. En aquella primera misa, por voluntad  expresa mía, sólo asistieron mi familia. Pero fui escoltado a derecha e izquierda por el capo, que desde mi más tierna infancia se arrogó y autonombró capellán de mi familia, hasta tal punto que cuando mi padre estaba desorientado, pasando una grave crisis al terminarse el negocio de las caballerías, Ripollés tenía intención de colocarlo como conserje del seminario, empleo totalmente contrario al talante libertario de mi padre y que lo hubiera terminado de matar. Al otro lado fui escoltado por la puta, a la sazón capellán de dicho convento. Este individuo al cabo de unos años se instaló "por la cara" en un piso de la parroquia de Ferrerías, casi en mi misma calle y haciendo pagar las facturas del piso a la propia parroquia en la que no tenía ningún cargo, viviendo canónicamente como lo que se denomina técnicamente "cura vago", es decir, sin ninguna plaza fija. A este individuo, al que no puedo ver, una vez, como único acto de rechazo hacia su persona que podía hacer, le hice una pintada cerca de su casa, en una noche, que decía: "Mossèn Albiol es una puta". Pues bien, al día siguiente por la mañana ya había un viejo cabrón borrándola con pintura, y que al ser de la "pirroquia", lo debió hacer para no ser mancillado el nombre de un dios de esta sacrosanta ciudad. Creo también que el tal Albiol decía su "misa olímpica" con una "rubia peligrosa" que vive en el "edifici Estadi" de la plaza Joaquín Bau. Al final de la misa me llevaron a saludar a las monjitas del convento y éstas me recitaron una poesía en la que me pedían "amor sacerdotal". Total, que yo aquel día me encontré más perdido que un pato en un garaje. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario