miércoles, 9 de junio de 2010

EL CUÑADÍSIMO, UNA PERLA (y II)

También al poco de morir mi madre, Albiol, la puta, me aconsejó en el bar de la Jijonenca que me pusiera bajo el amparo de mi hermanita. Otra vez el "catedratic" comunista y ateo González me puso a mi hermana por las nubes. Mi hermana en una ocasión me confesó que querría que sus hijos se pusieran a militar en ERC, lo más rojo y materialista del país. En otra ocasión cuando yo y Tortosa estábamos envueltos en densísimas tinieblas hasta el punto que yo no veía ni a un palmo de las narices, el cuñadísimo viendo una forma grande de decir misa, aunque sin consagrar, encima de la mesa, me dijo despectivamente que eso ¿para qué servía? Permanenciendo aún envuelto en esas densas tinieblas también me dijo que con la carrera que tenía yo podría entrar a trabajar en cualquier buen empleo. Un día en que me vi obligado por no sé quien de lo alto, a descapullar por primera vez en la taza del water del piso de la calle Alcañiz, vino él a comer conmigo a mi casa mano a mano en un pequeño comedor que había al lado de la cocina, y tuve la impresión de que él quería ser el primero en recibir de mí "la sagrada ostia". Por último, cuando hablaban él y mi madre parecía como si tuvieran línea directa a través de unas sofisticadas ondas de trasmisión y en el entierro de mi madre él se puso en los bancos de la iglesia como presidente del duelo familiar.

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