miércoles, 16 de junio de 2010

EL CORDÓN UMBILICAL (I)

Una vez una puta argentina en un club de carretera, al contarle el problemón que tenía con mi madre y del que no podía deshacerme ni liberarme, me aconsejó que tenía que romper el cordón umbilical que todavía me unía a ella, y que para ello tenía que cambiar de ciudad y me pusiera a vivir en un piso alquilado, como por ejemplo en Reus. Seguí su consejo y di la entrada para un piso en Reus. Al cabo de unos días. cargué mis cosas en el coche y me dirigí a instalarme en dicho piso. Pero al llegar a la agencia que gestionaba el piso, me eché atrás y les dije si me podían devolver el dinero que dí, a lo que accedieron sin ningún problema. Entonces volví a casa junto al muermo como si no tuviera otra alternativa. También en otra ocasión uno muy lanzado del barrio, hincha de la Real Sociedad y creo que también simpatizante de ETA, y que presumía de ser amigo mío, al pedirle que sólo me dejara una habitación con las cuatro paredes ya que él vivía solo, al decirle que el motivo era el de deshacerme de mi madre, me salió por peteneras diciéndome que podía estar contento de tener todavía madre ya que él no la tenía, y se negó a dejarme una habitación. También en dos ocasiones pasé dos temporadas en un apartamento que tiene mi hermana en l'Ampolla, pero mi madre seguía tutelándome desde la distancia con el rollo de la comida y de lavar la ropa. Y como la gente de l'Ampolla, el Castelgandolfo de muchos tortosinos y desde hace años del cardenal de Madrid Rouco Varela, más bien me consideraban un extranjero desarraigado, un poco chiflado y sobre todo muy alejado de sus fatalistas ideales, me volví a Ferrerías con el muermo. También dejé en una librería de l'Ampolla unos cuantos ejemplares de mi primer libro "Telegramas desde el Olimpo" y el librero sólo me llamó una vez para preguntarme si yo era el autor de un libro de estas tierras titulado "Arri, macho" (Tira adelante, macho).

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