martes, 23 de febrero de 2010
YO NO SOY NINGÚN FUTBOLISTA (I)
Ya decía S. Pablo que las competiciones deportivas y el ejercicio físico no servían para nada, aunque empleaba el simil del deporte para explicar que él había ganado en el combate de la Fe, por lo que esperaba que el Señor, fiel recompensador, le otorgara la corona del triunfo. Digo esto porque hace tiempo se corrió la especie de que yo sólo me dedicaba a hacer deporte para estar en forma. Así en las escasísimas veces que visité el despacho del obispo Carles siempre me preguntaba si estaba en forma, como si yo fuera un burro o un caballo. De todo ello se han aprovechado los que manejan el deporte mundial, detrás de los cuales siempre hay un ángel para apartar del Dios verdadero a los aficionados, para presentando el deporte como una fuente de vida mundanal y olímpica. Cuando en Barcelona el Opus fundó la escuela deportiva "Brafa", uno de sus entrenadores-profesores, todavía en vida de Escrivá, declaró que aquello no era una fábrica de caballos de carreras. Se me ha manipulado también como si yo bendijera el chanchullo de millones de los que chupan los directivos, futbolistas y retrasmisores de los partidos de la liga de fútbol española. Hasta una vez un viejo cabrón me preguntó si había rezado para que ganara el Barça aquella tarde, cuando yo jamás he rezado por estas idioteces, como tampoco para que me toque la lotería. Quizá mis predecesores bendijeron la aséptica actividad deportiva, pero yo no. A robar, a Sierra Morena. Y a dar pan y circo al Coliseo romano.
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