En relación a la milenaria e inamovible cultura del "amunt i aball" de la piedra de Tarsis, debo decir que aquí, de las diversas civilizaciones, sólo han quedado sus aportaciones puramente materialistas o afrodisíacas. Y es que aquí a la gente les rebota por sistema cualquier tipo de doctrina, dada su aversión a la letra impresa, salvo excepciones quijotescas, puesto que sus gentes todavía viven inmersos en la cultura de la imagen propia del arte rupestre. Así por ejemplo desde que se cepillaron a nuestro padre Adán, intentaron civilizar el territorio Túbal, Iber y Tarsis, familiares de Noé, que vinieron aquí después del diluvio universal. Pues de éstos sólo nos han quedado los nombres, descubiertos sólo por los que hemos tenido la paciencia de remover escombros. Posteriormente a los apóstoles Santiago, Pablo, Pedro y Juan que también aportaron aquí en sus primeras misiones apostólicas, después de robarles la cartera, los expulsaron y a tres de ellos para que no volvieran por aquí a molestarles, los pasaron por las armas. A los moros y judíos en el siglo XV también los expulsaron puesto que no debían colaborar entonces con las directrices olímpicas. No ocurre lo mismo hoy en día en que a los moros se les mantiene gratuitamente en el territorio con aportaciones y servicios de la administración y con recursos de la organización eclesial "Cáritas" que se nutre de la explotación limosnera de sus fieles católicos (vivir para ver). Y los judíos de "dura cerviz" del estado de Israel gozan de trato preferente cuando periódicamente el estado español se pone a repartir por el mundo su "cuerno de la abundancia" en millones de euros. Por cierto recientemente un judío mallorquín ha dejado una suculenta herencia al príncipe de España, del que al nacer le comunicó su padre a Franco, que le había nacido un niño, machote como su padre, (¡oooooolé!). No obstante, en la actualidad el Olimpo Escorpión ha tocado hueso.
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