viernes, 12 de febrero de 2010

EL COMUNISMO DE LA MACROSECTA... (XV)

Soy consciente de que la macrosecta, al morir Escrivá, quiso utilizarme para sus maléficos fines, aprovechándose de mi oración y prácticas cristianas, sobre cuya práctica me insistían continuamente, al igual que se aprovechó de mí la Iberia democrática, pero cuando envuelto en mil tinieblas pude descubrir el engaño, fue cuando me puse a mandar al Borbón, entonces rey de mi país, el Proyecto, y acto siguido mandé otro pidiendo disciplina eclesial al Papa Wojtyla, con la finalidad de ver de qué pie calzaba. Pero al ver que no tuve ninguna respuesta, fue cuando envié una misiva al entonces Secretario General de la ONU, el austríaco Kurt Walheim de reminiscencias nazis, diciéndole entre otras cosas que Wojtyla también era culpable. Debió comunicar mi misiva al bloque soviético, quien entonces se debió poner manos a la obra para preparar el atentado contra el Papa, aprovechando la honda expansiva de la infraestructura montada por la macrosecta para hacerme un atentado contra mi Fe y para que cambiara mi oración por el sexo y violencia tal como hicieron ellos al morir Escrivá, y sin abandonar su plumaje negro ni su pico amarillo. El mando a distancia lo accionó un tal Javier Otaduy, desde Tarragona, que era un estornino vasco, canonista y con cara de niño travieso, al que me volví a encontrar en la Universidad de Navarra dando clases de Derecho Canónico y al que la presión y sumisión que la medicación psquiátrica ejercía sobre mí en el entonces 1991, me obligó a saludarlo cordialmente como si no hubiera pasado nada. Pero aún después de todo lo que ha llovido, la macrosecta sigue en su empeño, bajo las directrices del Olimpo Escorpión, de su obsesión por conquistar China. Así en Ferrerías han abierto los chinos seis establecimientos, a los que tengo tendencia a ir para que me familiarice con ellos, ya que son de carácter abierto y sincero, al contrario de los de este país que aun siendo simpáticos y dicharracheros son traidores, gorreros, explotadores hasta exprimirte como un limón y sin darte ninguna posibilidad de defenderte, excepto que hagas quijotadas pero eso sí rascándote el bolsillo. Y dos anécdotas. La primera es que el cura estornino del Opus que predicó la Novena de la Cinta en las fiestas patronales de hace dos años, vino un día con todo su plumaje negro al bar del chino que yo frecuento, para dar un vistazo e informar luego a sus tribunos. La otra es que hace poco una periodista preguntó al entrenador argonauta del Barça, Guardiola, si conocía el mercado chino de futbolistas, a lo que respondió con un lacónico "no". Y es que las cosas ya no son lo que eran y en la próxima carta explicaré por qué.

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