miércoles, 24 de febrero de 2010

CUANDO SALÍ DE CUBA (I)

En vistas del trato exquisito y putero que he recibido en este país, conglomerado de múltiples países, en esta sacrosanta ciudad, en los medios de comunicación, una olla de grillos paganos y chicharras impenitentes, vacunadas contra cualquier tipo de desánimo permanente, y que esgrimen con orgullo la bandera de los chanchullos políticos, del "`pan y circo" y de la música "chin-chin" o de las amenazas de la meteorología, en mi cerda y putera familia y en la familia real española, próxima a la canonización en vida, he decidido abandonar esta mierda de país, es decir la Cuba ibérica actual, pero sin dejar en ella ni mi vida ni mi amor, que me los llevo conmigo porque son para el Señor. Las medidas que he tomado para el desanclaje del barco son: en primr lugar, mediante un lento proceso, he ido tirando al contenedor de las basuras todos los objetos de mi piso que me recuerden la memoria y larga opresión de mi madre argonauta, la Abadesa de las Huelgas, llegando incluso a desprenderme del cajón mágico y pintando todo el piso para desprenderlo y purificarlo de este maléfico espíritu. En segundo lugar he puesto a mi nombre todos los contratos del piso, cuyos recibos, pagándolos yo todavía venían a nombre de mi madre, gracias a Dios, difunta desde hace cuatrio años.

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