domingo, 5 de septiembre de 2010
LOS PUBLICANOS Y PROSTITUTAS (II)
Por otra parte la prueba de que no me cambié de piso para facilitar mi trato con el sexo contrario es que me compré una cama de un cuerpo y que en caso contrario me la hubiera comprado de matrimonio. La idea de dejar entrar en mi casa al sexo femenino me llegó después de rezar la bendición de la paz de S. Francisco de Asis que me hizo llegar hace unos años una monjita anónima de clausura. Y tengo que decir que a pesar de todos los defectos de estas mujeres, ya dije en cierta ocasión que fue de una de ellas de la que oí por primera vez en medio siglo en esta pocilga la expresión "te amo". Otro dato es que desde que he tenido alguna relación esporádica con alguna inmigrante de este ramo, por primera la policía nacional de inmigrantes ha registrado su casa, sin orden judicial y haciéndose pasar po rclientes para entrar y una vez dentro les han enseñado la placa. También me he enterado que desde hace algún tiempo la policía nacional está expulsando de Tortosa a muchos inmigrantes sospechosos según el baremo oficial de este reino comunista que llamo la URSE. También sé que algunas inmigrantes del ramo, al poco de estar aquí han tenido que marcharse por la multitud de problema que han sufrido, incluso me ha dicho alguna que aquí hasta le faltaba el aire para respirar. Por último, al morir mi madre venía a limpiarme el piso una latina y como si aquel piso todavía sufriera la influencia y dominio de brujería angélica de mi madre difunta, yo con la latina, que por cierto era y estaba muy buena, sólo nos cruzábamos el mínimo de palabras imprescindibles, le pagaba y abandonaba el piso como si huyera del mismo demonio.
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