domingo, 12 de septiembre de 2010

LE LLAMAN PADRE EN LOS 5 CONTINENTES (y II)

 En alguna de esas películas, al colgarle en el cuello el micrófono uno de los curas estorninos del Opus, que lo flanquean en el estrado, Escrivá levantando el cable protesta con voz profunda "¡ya véis, me llevan atado y luego hablan de libertad!". Los curas del estrado mayoritariamente iíberos con una tradición de seis mil años consideran al hombre como "el bicho" que tiene que ser lidiado hasta la estocada final. A veces también ha dicho el Padre que en donde no hay libertad no se puede amar a Dios, por lo que nunca envió a ninguno de sus socios a un país comunista porque le repugnaba la idea de que les pudieran hacer un lavado de cerebro. También se consideraba ante Dios como un borrico sarnoso, que cuando lo cabrean comienza a tirar coces a diestro y siniestro. En resumen el Padre Escrivá era visceralmente libertario con la libertad cristiana que nos da el ser hijos de Dios, al contrario de la esclavitud que nos ofrecen las religiones fundadas o dirigidas por ángeles y el olimpo, como por ejemplo el Corán, el Código del "Llibre de les costums de Tortosa" o el protestantismo. El primero es un compendio de leyes, normas y reglamentos para que los débiles queden sometidos a la tiranía de los ángeles, el olimpo y sus lacayos que no son más que estómagos agradecidos. El segundo ha sido el tradicional texto de referencia de los doctores de la Ley y legisladores de la Ley ibérica tan denostada por S. Pablo. Respecto al protestantismo el mismo Lutero se delata ante la policía con su libro titulado "La libertad esclava". Este fenómeno ya fue intuido por S. Pablo cuando advirtió a sus discípulos que aunque un ángel les revelara un evangelio distinto al que él les predicó, que no le hicieran caso. Nunca el Padre se cansó de repetir que este mundo lo salvarían los que creyéramos en el verdadero Dios, justo y bueno, que cura y venda la herida. Esto último lo ha añadido J&B. Para él los políticos "se bebían el vino del cura" y Franco era un miserable. Lo del príncipe siempre lo consideró como "predicar en el desierto, sermón perdido" y a López Rodó, socio del Opus, le negó darle consejos políticos cuando se los pidió siendo ministro de Franco.

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