Mi tía Manolica, casada con un cerdo francés argonauta de La Mata pueblo del capo Ripollés, en el entierro de mi madre, como aquello de que "quien teme algo debe", y como representante de la "sagrada familia", me hizo la admonición de que "¡a ver si ahora nos vamos a morir todos!". De todo lo cual he llegado a la conclusión de que los "cuáqueros", a pesar de los pesares nunca pierden la esperanza en su maleficios, por lo que están en investigación permanente para ver por dónde pueden atacar. No obstante creo que comienzan a estar desengañados en encontrar pistas en mi web, ya que hoy he leído en la revista tortosina "L'Estel", pag. 10, que un tal Ramón Rosales declara que "al final me he dado cuenta de que la susodicha eufemísticamente red social es una pérdida de tiempo". Me he alegrado de dicha declaración de principios, puesto que yo nunca he escrito para los "cuáqueros". Por último, sólo diré que una vez un cura estornino del Opus, chulo madrileño, sabedor de que yo había nacido para ser feliz, me telefoneó desde Tarragona, desde donde se desplazaba a Tortosa cada semana para darnos los círculos, y me preguntó si yo era feliz. Supongo que lo hizo para pitorrearse de mí, después de haberme echado un polvo telepático. De hecho recuerdo que me vi obligado a decirle que sí que era feliz, pero con unas ganas irrefrenables de mandarlo a la mierda.
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