En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, había hace muchos años una joven rebelde a la que sus padres, para hacerla entrar en razón, entregaron al cardenal del pueblo para que la follara, bajo estricto régimen carcelario en su casa-palacio. Para ello implicaron a unos jovenzuelos, amigos de la joven, para que declararan, bajo amenaza de muerte, a los jueces y a la opinión pública lo que aquellos malvados padres les dictaran en cada momento. Sobre todo tenían que declarar que ellos la habían matado y que se pitorrearan de abogados, jueces, policías y medios cantando continuamente este canción: "¿Dónde están las llaves, matarile, rile, rile, dónde están las llaves, matarile, rilerón? En el fondo del mar, matarile, rile, rile, en el fondo del mar, matarile, rilerón". Esto sólo puede ocurrir en el vasto país de la Mancha.
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