jueves, 7 de mayo de 2009

SIMÓN ROMERO Y LAS CARMELITAS DE JESÚS

En la EMD de Jesús hay un conglomerado de afectividades casi del mismo nivel que con mi familia. Uno de esos focos afectivos es el convento de las Carmelitas. Ahí, cuando era pequeño, me enviaba mi madre, la Abadesa de las Huelgas, para ir a buscar huevos que vendíamos en nuestra tienda de vinos. Hice amistad con una monja, que todavía vive, y a la que encerró allí Gellida, el párroco de mi pueblo, cuando estaba en Cabacés. Siempre ha sido la gallina preeminente del gallinero. Simón Romero, actual capellán del convento, vivió en Jesús cuando era cura joven y es gran conocedor de toda mi familia. Así en ese convento se ha montado un tremendo fuelle de fragua con repercusiones internacionales, locales y personales mías dañinas. Anteriormente fueron capellanes de allí Martorell, Giner y Albiol y ahora también merodea por allí el cura excastrense y jesusense Galiana. Esas gallinas tampoco me agradecieron el regalo que les hice de mis cinco libros. En ese convento canté o recé mi primera misa y al terminar, en el locutorio las monjas me dedicaron una poesía con la que me pedían amor sacerdotal. Sería para que les sirviera de lubricante para poder follar mejor con los gallos. En mi caso "por lo que nos queda de estar en el convento, ¡cagémonos dentro!".


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