martes, 24 de marzo de 2009
PARA LA INTERPRETACIÓN AUTÉNTICA DE LA BIBLIA
Desde el pecado original la humanidad siempre ha circulado por este mundo como un tren sobre sus dos carriles. El carril derecho es el buen Dios, del que nos hablaba el santo Cura de Ars, y el carril izquierdo es el Olimpo que siempre ha querido usurpar las funciones del buen Dios para subyugar y destruir la creación. Así en la Biblia aparecen actuaciones del buen Dios y del Olimpo, su usurpador, saliendo siempre ganando el buen Dios, pero dejando en suspenso y ofreciendo a la libertad de los humanos, ayudados con su gracia, su triunfo definitivo. Como ejemplo de interpretación de los pasajes de la Biblia solamente pondré el que me parece más claro. Se trata de aquel pasaje del Génesis en que el buen Dios promete a Abraham que su descendencia será tan numerosa como las estrellas del cielo. Y entonces aparece el usurpador presentándose como Dios y pidiendo a Abraham que sacrifique a su único hijo Isaac, depositario de la gran promesa. Abraham no supo distinguir y efectivamente fue a sacrificar a su hijo. Pero cuando estaba a punto de clavarle el cuchillo, aparece el buen Dios y le dice que Él no quiere que sacrifique a su hijo, y le muestra un corderillo para que lo sacrifique en su lugar. En definitiva, lo malo de la Biblia es del Dios usurpador y lo bueno es del Dios bueno y verdadero. Es la guerra fría de siempre de la Biblia y de la posterior historia de la Iglesia y del mundo entre el Olimpo y Dios, que con su paciencia infinita mueve la historia para un día abrazar con sus brazos de amor a los dioses, argonautas y ángeles, tras su justa conversión. Ahora es la hora de que los humanos impongamos al Olimpo la justicia y el perdón y de que el tren llegue a la estación central y definitiva.
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