lunes, 23 de marzo de 2009

BIG BANG: CUANDO LA FÍSICA SE PASA DE ROSCA

Así como la Biología de Drawin, la Psicología de Freud y la Economía de Marx, al ser científico-materialistas, se excedieron en su cometido, transgrediendo su acotado campo de trabajo, sacando de ello conclusiones metafísicas, por cierto ateas, invadiendo así un terreno completamente extraño a la ciencia, también hizo lo propio en el campo de la Física el jesuita belga Georges Lamaitre, junto con otros físicos, cuando entre 1927 y 1930 dijo que el universo se inició con la explosión de un átomo primigenio, lo que más tarde se denominó Big Bang. Esta ingeniosa y lógica teoría constituye uno de los monumentos o fallas mejor logradas de las elocubraciones subjetivistas sin fundamento en la realidad, heredera del "cogito ergo sum" de Descartes aunque con logística científico-materialista-experimental. Pero, desde la Teología, que está por encima de la Filosofía, de la Metafísica y de la ciencia experimental, hay que afirmar con rotundidad que el universo fue creado por Dios de la nada y que, mediante la ley eterna y su providencia, lo sigue conservando. Ciertamente hay ciertas imperfecciones en el universo, como por ejemplo que choquen contra la tierra meteoritos de grueso tamaño y que no haya vida como en la tierra en ningún otro planeta del mismo, pero esto es consecuencia del poder que ejerce sobre la creación material el Olimpo desde el pecado original de Adán y Eva, males que Dios tolera si los humanos no nos dirigimos a Él para pedirle que nos guarde del mal.


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