En la pagana Tortosa resulta chocante que se celebre la Muerte y Resurrección del Señor, cuando aquí sus gentes viven mayoritaria, cotidiana y totalmente de espaldas o en contra de la obra redentora de nuestro Salvador. Aquí sólo se procura no desentonar con las celebraciones del territorio nacional. Ahora toca la Semana Santa con sus encapuchados, armados, tambores y cornetas, sin importarles lo más mínimo el "Cristo de los gitanos, siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar". Y además le remachan los clavos ya que los impenitentes ladrones del ayuntamiento, los amancebados eclesiásticos y las fuerzas de seguridad de ellos, cuyas carnes les rezuman abundancia, no tienen ningún pudor en exhibir sus calvas indecentes en dichas procesiones y celebraciones. En fin estas celebraciones se convierten en la pagana Tortosa, en unas fiestas de primavera para celebrar la eclosión en todo su esplendor de los capullos en flor, regados abundantemente con la sangre del Cordero, para promocionar el turismo y recaudar fondos traficando con esa sangre y rifándose un año más sus vestiduras.
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