lunes, 30 de marzo de 2009

ALFREDO GALLEGO LEAL, EXPOLICÍA NACIONAL

Mi cuñado es un desertor del arado que entró en el Cuerpo Nacional de Policía del que llegó a ser cabo primero. La policía nacional fue traída a Tortosa en 1973, poco después de la muerte de mi padre, por Carles, Bau, Fabra y Tallada. Mi hermana se enamoró de él en el bar Francfurt de la plaza Joaquín Bau. Es un elemento oscuro, bien plantado, de conducta intachable, pero del que nunca sabrás nada de sus intimidades por su carácter reservado, lo cual fue alabado en su día por mi tío gilipollas Julián. Creo que folla más con mi hermana que un semental del ejército con las yeguas del Delta y Amposta, lo cual repercute en mi salud psíquica y física. Un médico peruano desde hace años les controla la anticoncepción. Creo que ha tenido relaciones con el Opus, pero para ir en contra de la santidad de su Fundador. Es ateo, fatalista, pesimista y enemigo burlesco de la libertad. Es amigo de curas y se encuentra como un pez en el agua cuando soy internado en un centro psiquiátrico. No se relaciona con los paisanos sufridos del terreno, sobre los que se considera despectivamente por encima. Creo que su elección para venir a Tortosa en la segunda o tercera promoción fue obra del Rey, con el que se debe relacionar en sus intermitentes escapadas a Albacete su tierra natal. Si algún día le hicieran un atentado yo lo celebraría abriendo una botella de Cava. A mí nunca me ha caído bien este tipo, porque una vez cuando yo estaba muy apurado vio una forma para consagrar y dijo delante de mí: "¿para qué sirve esto?" Y en otra ocasión me dijo que con la carrera que tenía yo podría dedicarme a otra cosa, intentando desviarme de mi Fe y mi vocación sacerdotal. Lo dice la canción: "Una vieja y un viejo van para Albacete, van para Albacete, y a mitad del camino va y se la mete, va y se la mete".


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