viernes, 16 de julio de 2010

PACO RIOCABO, EL BOMBERO LEONÉS-AMPOSTINO (y II)

Por último, una anécdota que creo que ya he contado en otra ocasión. En una de las dos temporadas que pasé en l'Ampolla, huyendo de la influencia materna, un individuo de lo más tirado y arrastado de l'Ampolla y que nunca me devolvió un dinero que le dejé, una noche me llevó a darme a conocer un pub de Camarles. Y yo la víspera de Santiago fui solo a dicho pub. Acuciado por una terrible sed de vida, como las ansias de agua que padece alguien en un desierto estepario, me propuse echar un polvo con la camarera. Con cubalibre va y cubalibre viene, encomendé esta arriesgada misión a Paco Riocabo, considerando que como buen amigo me echaría una mano desde el cielo. Ya de madrugada y con el pub cerca de cerrar, la camarera fue al servicio y yo detrás de ella, y allí mismo le propuse si quería echar un polvito conmigo, a lo que ella asustada se negó en redondo. Yo sin la más mínima violencia acepté su negativa y tranquilamente abandoné el local. Pero cuando me dirigía al coche salieron corriendo detrás de mí un par de camareros que me dieron una paliza y me dijeron que me denunciarían a la guardia civil. Una joven los paró. Uno me dio una parada en los huevos y recuerdo que no sentí ningún dolor, atribuyendo esto al Apostol Santiago cuya fiesta se celebraba aquel día. Desde entonces ya no invoqué más a Riocabo, al que le perdoné que no me facilitara el polvo, pero al que no le perdoné que me soltará detrás de mí a los perros.

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