El típico tortosino pagano y contumaz de toda la vida es ladrón de corazones y voluntades prescindiendo de los razonamientos lógicos y de derecho en que sabe que tiene siempre las de perder y además emplea para ello unas redes de la máxima finura para que no se pierda nada. Como zángano basta sacar a colación el ejemplo de su época franquista, señor feudal de muchas pedanías del Bajo Ebro, a las que chupaba sus impuestos sin darles los correspondientes servicios como contrapartida. Así por ejemplo una vez el alcalde de Tortosa el franquista Joaquín Fabra al visitar la Cava fue obligado por los caveros a bajar del coche y que caminara por la polvorienta carretera, que durante largos años habían reivindicado que fuera alquitranada sin todavía haberlo conseguido. Como vividor el tortosino nunca arriesga nada para conseguir sus objetivos, sino que es amigo de almacenar su dinero en el banco, dejando a los forasteros o a organismos superiores el trabajo sucio, del que ellos son los principales beneficiarios, quedando ellos siempre con las manos limpias de cualquier sospecha de delito. Así por ejemplo nunca he visto ú oído que trascienda en ningún medio de ámbito nacional ningún delito financiero de su ayuntamiento ni por ejemplo delitos sexuales de su sacrosanto clero, siendo ambas entidades locales los núcleos duros que propagan desde el Olimpo todos los males a la humanidad por el hecho de que aquí, o por esta zona, tuvo lugar el pecado original con el consiguiente robo de la corona de Adán como rey de la creación.
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