lunes, 12 de julio de 2010

MI MADRE, COMO PARA TIRAR COHETES

Considero a mi madre como un tubo diplomático por el que necesariamente tuve que pasar para venir a este mundo, pero nada más, hasta el punto que suelo decir últimamente que mi madre no me parió sino que me cagó. La considero como la filistea Dalila que sedujo a Sansón para sacarle el secreto de su fuerza, y que al decirle en la cabellera, se la rasuró. Recuerdo que una vez en que sufrí una grave crisis, en que le confesé que estaba completamente perdido y temiendo por la que me esperaba, sólo recuerdo de ella la mirada inquisitorial cual si de una serpiente se tratara, para ver qué podía descubrir de mí, y no en cambio ni la más mínima mirada compasiva y esperanzadora de cualquier madre normal en estos casos. También recuerdo que una vez para desanimarme en mi lucha me dijo que ella había corrido más que yo. Y jamás le gustó nada de lo que yo hacía, sino que siempre iba detrás de mí con el garrote inquisitorial. Por todo ello hoy termino de desalojar mis cosas del pisito de la reostia del edificio SAPI. En fin, resumiría toda esta triste historia con una canción de Antonio Machín que viene a decir: "¿Cómo se pueden tener dos amores a la vez y no estar loco?"

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