Me he visto obligado a dejar de escribir en la página web de un diario provincial porque el último comentario-carta que envié no fue admitida. Después me han informado que ha sido por motivos de censura y atropello a la libertad de expresión. Resulta que a raíz de mi última carta "¿El Rey es del Opus?", el arzobispo de Tarragona, Jaume Pujol, miembro del Opus, estuvo tres horas hablando con el director de dicho diario. Después el director se reunió con los trabajadores y en tono amenazante les dijo que, si no salía el que había permitido aquello, serían todos expulsados de la empresa. El responsable se declaró y el director lo ha suspendido de trabajo y sueldo durante un mes. Previamente el arzobispo había consultado al obispado de Tortosa para preguntarles qué grado de invalidez tenía yo, de lo que le hizo sabedor al director. Es decir, que todo este affaire da la impresión de encontrarnos ante la censura de una dictadura, y aún más, ante la Inquisición porque aquí estaban de acuerdo la iglesia, los poderes fácticos y el poder político, como en los mejores tiempos franquistas y del medievo. Además ayer la psiquiatra, por otros motivos, me dio un toque de atención. Y yo tengo permanentemente ante mis ojos la amenaza del internamiento en el Pere Mata de Amposta, el Guantánamo II.
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