Primero se les apareció a los tres niños inocentes un ángel llevando un cáliz y una Hostia, que les produjo miedo y pánico. Después la Virgen María les produjo una gran paz y confianza. Lo cual indica que los ángeles en el cielo sirven a Dios con temor servil desde que cuando fueron creados prefirieron amarse a sí mismos en lugar de a Dios. Cuando Dios creó a los hombres, los ángeles, encarnados en naturalezas humanas, arrastraron a los hombres al pecado original para que les amaran ellos y no a Dios. Así hoy en día los dioses y argonautas siguen produciendo miedo, pánico, enfermedades, problemas y la muerte sobre los humanos inocentes a través del ejercicio de su poder, es decir, del sexo. Por ello cuando se dice que un cura o una persona producen respeto no es por otra cosa sino porque es un dios, un argonauta o un ser humano que folla con ellos a los que ama en lugar de Dios. Los seres humanos que no están en estos parámetros producen paz y confianza y no tienes que estar a la espectativa pensando por donde te joderán. De hecho los tres niños de Fátima tenían miedo a los curas con los que se tenían que enfrentar por el asunto de las apariciones. Y en las Cuevas de Vinrromá, que, cuando se apreció la Virgen a una joven en el siglo pasado, pertenecía a la diócesis de Tortosa, María no quiso hacer un gran milagro porque venían curas malos, entre los que se encontraba Simón Romero, que fue mi rector en el seminario.
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