jueves, 23 de abril de 2009

LA MUERTE Y LA RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS

La muerte no es nada más ni nada menos que la consecuencia fatal del continuo martilleo que ejerce el Olimpo sobre la naturaleza con sus báculos. Y es que Dios nos hizo para vivir aquí en la tierra eternamente y con plenas facultades. Pero con la sustracción de la corona de Adán como rey de la Creación con dolo y engaño, el Olimpo se enseñoreó del mundo y puso su ley de la muerte, que en la naturaleza humana, compuesta de materia y espíritu, es la separación de ambos, siendo la materia destruida y el alma, separada de su hábitat natural que es el cuerpo, se va , porque es inmortal, al mundo de los espíritus. Por eso la muerte es antinatural y no querida por Dios. Los médicos ciertamente le ganan batallas a la muerte pero siempre pierden la guerra porque la edad no perdona a nadie. Pero cuando hagamos cesar la presión sexual del Olimpo sobre la naturaleza humana, mediante la tala del árbol de la vida, las almas, por los méritos redentores de Cristo y de forma natural, se volverán a unir a la materia de sus cuerpos para nunca más morir y viviendo aquí en la tierra con plenitud de facultades. Es lo que decía S. Pablo cuando escribió que la muerte sería el último enemigo vencido. Y Cristo resucitó como primicia de la victoria definitiva de la humanidad sobre el Olimpo, y éste y sus secuaces serán redimidos, siendo éste el objetivo final de la tala del árbol de la vida.


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