El Viernes Santo comunistas, ateos, meapilas y supersticiosos no habrán comido carne, no por adherirse a los sufrimientos de la pasión de Cristo, sino por temor servil al Olimpo, fuente de donde emana toda la retahíla de leyes, normas y reglamentos que subyugan a la naturaleza humana. Por ejemplo aquí en el bar un comunista jesusense ha desayunado pulpo cuando la mayor parte de veces come callos. En tiempos del franquismo los que podían pagar la Bula de la Santa Cruzada quedaban exentos de la abstinencia de comer carne. Así los curas quedaban bien con su cartera y con Franco, su salvaguarda militar. Y... a Cristo ¡que lo crucificaran un año más! Ya S. Pablo se pasó por el forro la ley sobre los alimentos de los judíos, puesto que Cristo nos había conseguido la verdadera libertad sobre cualquier tipo de ley olímpica. Y por ello tuvo una fuerte discusión con S. Pedro, el príncipe de los Apóstoles, que por no escandalizar a los judíos simulaba respetar esa ley.
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