No tengo nada contra la Virgen, sino todo lo contrario, ya que ella ocupa un lugar privilegiado en mi corazón junto con S. José (por ahora somos pocos los que conocemos el poder del garrote de S. José por ser el cabeza de la Sagrada Familia) y el Niño Jesús. Pero debo aclarar que me bastan los milagros del Evangelio para creer y que cuando se aparece la Virgen es porque le ha dado permiso el Olimpo de los dioses, para obtener de ello pingües beneficios de dinero, poder y bragueta. Basta con contrastarlo con los ejemplos recientes del Opus Dei, Lourdes y Fátima. No permitirán que se aparezca S. José, porque les cantaría la cartilla. De hecho en El Escorial ya han tomado posiciones los dioses (los curas) y los argonautas (laicos genios). Por ello de todo este nuevo tinglado religioso sólo me quedo con las humildes y listas personas del linaje humano que rezan por mis intenciones y que no sueltan ni un euro por la causa. No soy ateo, ni anticatólico, pero sí, y mucho, soy visceralmente anticlerical por amor al sacerdocio, y también soy antimeapilas porque la caridad de Cristo me espolea.
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