Ha habido en estos días una nueva marejada, que surge de cuando en cuando desde hace años, sobre el mantenimiento o no de los crucifijos en las escuelas. Muchos al asociar el crucifijo con la simbología franquista apelan al estado aconfesional y a la libertad religiosa pluriconfesional de este`país para acometer su cruzada iconoclasta, quedándose en la superficialidad del símbolo y sin profundizar en su verdadero significado universal. Es cierto que el crucifijo tal como nos lo ha tergiversado la iglesia no refleja la forma auténtica de la cruz en que murió Cristo, que con su muerte en ella saldó la deuda del castigo contraído por la humanidad como consecuencia del pecado original de Adán y Eva, nuestros primeros padres. La verdadera cruz tenía forma de tau (T), que es la última letra del alfabeto hebreo y griego y que tiene arraigo en la Biblia. De tal forma esto es así que morir crucificado se expresaba con la palabra "stauro". Así con la muerte en la cruz "tau" Cristo no sólo saldó la deuda, sino que expresó de una forma plástica que la redención definitiva y universal se realizará cuando "sean signadas las frentes de los dioses con el signo tau". Esto es aceptable para cualquier religión y para cualquier ateo con un mínimo de cultura ya que entendida así la cruz es el símbolo más universal.
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