En el primer domingo de septiembre se celebra en Tortosa la procesión de la Virgen de la Cinta. Una procesión a la que le ha hecho una OPA hostil la alta sociedad tortosina desde hace muchos años, absorviéndola y monopolizándola. Por ello dicha procesión se ha convertido en un desfile de modelos y de luicimiento del palmito ante sus súbditos por parte de las autoridades eclesiásticas, civiles y militares, a costillas de una Virgen nazarena que siendo la Madre Dios rehúye el boato y pompas mundanales. ¿Cuántos de los que van a dicha procesión o se emocionan en su entrada triunfal en la Catedral o la contemplan tomándose una horchata en una terraza de un bar, visitan con frecuencia su Real Capilla o al menos le profesan una sentida y coherente devoción en su foro interno? Por último debo decir, para conocimiento de quien no la haya visto nunca, que dicha procesión es encabezada por la cucafera, los gigantes, cabezudos, gaita y tamboril y la cierra la banda de música. Todo puro folklore y exhibicionismo barato, típico de estas tierras hipócritas. Pero la Virgen de la Cinta sabe y puede más que los bufados "pahers" de Tortosa.
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